jueves, 31 de julio de 2014

Breaking dawn.

Nunca había pensado que algo tan precioso como el amanecer pudiera llegar a ser comparado. Pero cada vez que te miro a los ojos, que veo tu media sonrisa, que siento tus caricias; todo toma sentido. Sé que quiero pasar todos los amaneceres que existan junto a tí. Puede que no lleguen a ser eternos, y que se vuelvan a esconder tras cada salida, pero cada mañana son capaces de despertar y elevarse con un brillo cegador y maravilloso. Y eso es lo que tú provocas en mí, lo que tú eres para mí. Eres como mi propio sol, mi propio amanecer; aquella persona que saca lo mejor de mí y que me inspira a ser una mejor persona, la que me motiva en mi día a día, la que me da luz para poder seguir adelante durante el resto de mi vida; mi esperanza. Siempre que llegue la oscuridad, sé que vas a estar ahí, y que volverás a desprender en mí aquel brillo y aquella luz que me guiará en el camino y que me hará ver por qué he llegado a este mundo. Dicen que cada persona nace con un propósito; sin duda, yo nací para amarte. A tu lado siento calidez y ternura; comprensión y comodidad. Todo lo que siempre he necesitado. Todo lo que siempre he querido. Porque tus brazos son para mí como macizos castillos, siempre dispuestos a proteger a su princesa, es por eso que cuando estoy entre ellos me siento como en casa. 
Y a pesar de no ser merecedora de esto, le estoy agradecida al destino por haberle dado la luz necesaria a mi futuro, que ahora brilla con más fuerza que nunca.

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